Dehesa de los Canónigos,
que se levanta a orillas del Duero,
cerca de Pesquera, no es una de las
numerosas bodegas modernas que jalonan
la Ribera, moles de cemento o ladrillo
que a veces incorporan aires modernos
y futuristas , ni por el contrario,
una de esas edificaciones sencillas,
de corte rural y amor a lo subterráneo.
Su fisonomía refleja la larga
trayectoria de una explotación
agropecuaria en la que el vino tuvo
mayor o menor importancia en función
del contexto social y económico.
De ahí el conjunto de pequeñas
edificaciones agrupadas en torno
a un caserón que sigue siendo
vivienda y en el que el hoy propietario
Luis Sanz, habita con los suyos.
Los muros encalados, lo bajo de las
edificaciones y la estructura arquitectónica
en forma de "u" dan al
conjunto un aire más manchego
que castellano, como si fuera una
antigua venta de pasado floreciente.
Pero el paisaje despeja rápidamente
cualquier duda; tras la bodega-vivienda
, un frondoso bosque de pino mediterráneo
se prolonga hasta orillas del Duero,
cuyas aguas marcan el límite
de la finca; y al frente, parte en
el llano y parte encaramándose
en las colinas, se extiende el inconfundible
viñedo ribereño. Las
cepas son hoy la principal razón
de ser de Dehesa de los Canónigos
y el vino su actividad más
relevante, aunque la gran extensión
de la propiedad permita contar también
con importantes cultivos de cereal.

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