La bodega forma un conjunto de pequeñas edificaciones agrupadas
en torno a un caserón que sigue siendo vivienda y en la que el
hoy propietario Luis Sanz, habita con los suyos. Los muros encalados,
lo bajo de las edificaciones y la estructura arquitectónica en
forma de “U” dan al conjunto un aire más vasco que castellano,
como si fuera una antigua dehesa de pasado floreciente.
Pero el paisaje despeja rápidamente cualquier duda; tras la bodega-vivienda,
un frondoso bosque de pino mediterráneo se prolonga hasta orillas
del Duero, cuyas aguas marcan el límite de la finca; y al frente,
parte en el llano y parte encaramándose en las colinas, se extiende
el inconfundible viñedo ribereño. Las cepas son hoy la principal
razón de ser de Dehesa de los Canónigos y el vino su actividad
más relevante.